Blog de poemas eróticos, místicos y amorosos, de Teresa Domingo Català.
martes, 14 de julio de 2015
El fuego
Amor, escuchas cómo crece el fuego, cómo va hacia las estrellas. Las llamas se eternizan y quedan en las brasas, que recuerdan lo que aún no ha sucedido, y esperan en el momento el momento de engendrarse, el instante en que mi cuerpo te hablará, como ha hablado con la lluvia.
Hay briznas que escapan en realidades que ignoramos, y en nuestra ignorancia serán nuestras cuando toque, cuando llegue el día en que el destino nos las ponga entre las manos, y seamos valientes acogiendo lo que la vida nos regala, el amor que llama y que al abrirle nos cubre con las dádivas.
El amor, ¿de dónde nace? La palabra tiene la fuerza del verbo. El verbo actúa, y es su poder el transformar el alma.
Hay una gruta silenciosa donde la oscuridad se asienta. Cuando termina vemos un rosal con flores blancas que iluminan la negrura. Son las flores que nos crecieron en el corazón, las flores que la sangre nos deja en el tiempo del amor, como si amar nos convirtiese en ángeles con sexo, como si amar nos ayudase a conocer el origen del ansia.
Las gaviotas
Oh amor, oyes cómo las gaviotas se elevan en el mar, y cómo se inclinan a besarlo, como si el dios que lo vive estuviera muerto y lo resucitaran con sus besos.
Se echan a volar y en el cielo un ángel las espera. Crece la hierba en las nubes, hierba desatada, atormentada por la electricidad que suena en un eco de luz, hierba que cae a tus pies cuando llueve y con la que me bordo un vestido para no estar siempre desnuda.
Hierba en mis brazos, hierba que me cae de los pechos, hierba que en las ingles se convierte en zarza ardiente, donde habla Dios y su palabra es el Verbo.
Moisés separó las aguas, y el mar se rindió a la palabra. Se rindió y, profeta del amor, atestiguo que me arrodillo en tus ingles, que tu semen cae en el desierto para alimentar al peregrino que soy, que anhela transitar para conocer y para ser, para desear y amar.
Entre esos besos líquidos, el océano. Un océano que extiende sus raíces y que arraiga en la tierra prometida en que el amor es la sangre del dios que duerme.
Las rosas vienen a buscarme
Las rosas vienen a buscarme. Me llenan con su olor, y me suscitan sus colores, como si en mis ingles florecieran, como si en mis pechos surgiera un espejismo de amor, y mis ojos detuviesen esas llamas que pueden marchitarse.
Entre las sábanas mi cuerpo se llena de memoria, olvida todo lo que no es de ti, y entre trazos de una nostalgia abrasadora, lo ignorado me sucede y vive en mi país donde nunca ocurrió nada, donde nunca tus labios se posaron en mi carne con el deseo de un sol naciente.
Amor, ¿querrás follarme un día en el cobijo de tu cuerpo? ¿Querrás detener ese reloj que nos bulle y nos avisa que es finito? ¿Querrás vivirme con tus ingles, querrás quedarte un momento y besarme entera?
Toda yo soy un crisol que pasa, y espero que los días te amanezcan en los ojos. Sé que me verás desnuda, con el corazón y el miedo del corazón latiendo, y te seré vulnerable como nunca he sido porque nunca le entregué a nadie las flores más hermosas que me nacen dentro.
domingo, 12 de julio de 2015
Reflexión
Ayer se conmemoró que hace veinte años que ocurrió la matanza de Srebrenica. El Estado Islámico sigue asesinando gente. En todas partes del mundo vemos hambre, guerras y destrucción. En esta Europa civilizada en las que gente supone que estas cosas "no pueden pasar" y que son propias de gente supuestamente bárbara - como si los europeos no fuéramos tan bárbaros como el que más - miro a mi alrededor con impotencia.
Cómo en esta sociedad occidental morimos por dentro. Cada vez hay menos humanidad, cada vez menos empatía, cada vez menos deseos de ponernos en el lugar del otro. Afortunadamente hay muchas personas que valen la pena, pero son islas en el mar del egoísmo más desenfrenado y de la soledad más terrible. En ninguna otra época la gente ha estado más sola, más abocada a los mundos virtuales que son un gran complemento - y muy valioso - pero que no pueden sustituir la realidad. Nunca la gente se ha centrado tanto en una relación de pareja para evadir la soledad, no porque la otra persona importe. Se aspira a la disolución, a dilurse en los demás, no a afirmarse en los demás y compartir lo bueno y lo malo que tienes. Muere la pasión y muere el deseo, y con ello, muere la vida. Sólo se quieren los buenos momentos, y sin crisis no hay cambios, y sin cambios no hay vida. Todo se calcula y se mira si conviene, como si fuéramos máquinas. Como si a veces no fuera bueno elegir lo que no conviene. Se quiere adaptar la realidad a nuestro deseo y eso es imposible. Lo posible es adaptar el deseo a nuestra realidad, no negarlo ni reprimirlo ni anularlo para no sufrir. Lo negativo que sucede en la vida puede tener consecuencias muy positivas si se sabe asumir. Del dolor crecen las flores del amor. Y esa verdad la enseña la vida y es incuestionable. Negamos todo: la vida, el amor, el deseo, los límites a ese deseo, el silencio, el tiempo. Así se vive sin vivir y se muere sin haber vivido. Seamos valientes y vivamos, no como si cada día fuera el último sino con sentido, con historia, como cada momento se sucede con el otro, viviendo el ciclo del nacer y del morir todos los días, aceptando el dolor sin buscarlo, porque vendrá, eso es seguro, y viviendo el plenitud desde el café con leche del desayuno hasta el instante del sueño, esa pequeña muerte diaria que nos sume en el mundo de los sueños y que es imprescindible para un nuevo nacimiento.
viernes, 10 de julio de 2015
Las flores blancas
Las flores blancas
son para damas.
Las flores rojas
son para locas.
Las flores negras
son para muertas.
Dame una blanca
con una rama.
Dame una roja
para mi boca.
Dame una negra
que ella me espera.
Me das la azul
con el Talmud
y la amarilla
de las esquinas
en donde el verde
nos humedece.
jueves, 9 de julio de 2015
Amor, el bosque está oscuro
Amor, el bosque está oscuro. Me adentro entre la hierba, la hierba que crece a su albedrío, los matorrales que se espesan como me cierro yo entre las frondosidades de unas hojas que tocan en el suelo.
Amor, me derrumbé. Esperaba el paso de esa estrella para que me trajera tu palabra, pero al no llegar a mí, las mías se volvieron espías de las tuyas, se volvieron centinelas que guardaban un corazón en duelo, como si el luto pasara a ser parte de mi piel, y la sombra fuera su amuleto.
Entre esquirlas de luna sucedió que no volviste. Te anclaste al mar, y yo me marchitaba. Al enviarme los pájaros para que hicieran los nidos en mis pechos, mis pechos se calmaron, entre las alas se calmaron, y así mi corazón no latió solo.
Las aves fueron un palpitar de la memoria que quedó encharcada de recuerdos, como si el agua se desbocase en el sudor, y la calima suspiraba y se expandía por la carne, y en ese calor de inmensidad se oyó una voz que calla y llora.
miércoles, 8 de julio de 2015
Amor, he pasado los caminos
Amor, he pasado los caminos, me he envuelto con las piedras, y espero la lluvia que vendrá cuando Narciso se refleje en tu mirada.
Hay un bosque entre mis piernas, y las lechuzas le dan sus ojos a la noche. Siendo noche miro tu amanecer, como un beduino que se busca en el desierto.
Palmeras grises anuncian un alba que todavía no ha nacido, un alba que brilla en su despertar, un día que se prepara al sol y el olvido de ese sol cuando se vaya, que iluminará la luna sin ser visto, como un misterio que se guarda en las profundidades del amor.
Somos voraces como el vino. Caemos y vivimos en ocasos permanentes, con la única compañía de unos árboles que prendieron los corazones y guardaron los secretos entre lunares que se fijan en la sangre. En cada árbol hay un puente. En la mirada de los búhos se quedó, en ella permanece, como se queda la noche en el espacio, que ve lo impenetrable cuando todo dormita, y que es ciega cuando las oscuridades nos llenan los ojos con las fuentes.
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