Amor, me desnuda el viento que pasa por tus ojos. Eres como un vergel enamorado, como una hiedra silenciosa. Te encaramas en lo alto de mi cuerpo y me das la sangre con que late mi corazón y la sustancia de ese mismo corazón, que se prendó de ti, y de tu palabra.
Amor, en la esencia de las piedras hay lunares, hay posos pequeñitos, como trocitos de café que se amontonan y crecen en mis manos. En ese polvillo de tierra con sus flores arrancan las tormentas que pelean en el cielo como pájaros sedientos.
Amor, más allá del frío tus besos me florecen, tus labios me llevan al sacramento de la unción, y entre esos mismos besos que se deciden a morir se extienden los lugares.
Hay un lugar en mí que está vacío. Se llena con tu mirada, con ese azul que tienes por pupila, que al mirarme ve cómo se me contagia el deseo del mundo.
Hay una duración en el silencio. Es de aromas, de fluir de tiempo, de esa inexistencia que brota de las ingles y que provoca en el alma un amor que no se desvanece.
Blog de poemas eróticos, místicos y amorosos, de Teresa Domingo Català.
viernes, 8 de enero de 2016
Acaricia mis estrellas
Amor, acaricia mis estrellas. Ves cómo me ilumino, como si la luz me surgiese entre las piernas, como en mis ingles la luminaria nunca terminase de extinguirse.
En este alumbramiento, en esta lumbre se posan todas las flores que existieron una vez, y que, marchitas, revivieron en el cielo en una explosión inmarcesible.
Amor, vives en los estallidos de los rojos, en las plegarias de la alegría, en los aledaños de un corazón que reza por los muertos, como si los muertos pudieran comprender el deseo de ese beso que sólo da la muerte cuando ocurre.
Lluvia acaecida, caes en los ventrículos de una sangre que en sí se desvanece y deja paso al sueño, y en mi sueño los reptiles se despiertan y se aman, con la furia desmedida de sus huevos.
Amor, soy un reptil que vaga por los páramos estériles, que busca y que encuentra en tus labios la carne que se hizo alma mirándote a los ojos, y en tus ojos encontró el origen del delirio, y entre azucenas se acostó a tu lado y siguió mirándote como se mira a los bebés que duermen.
En este alumbramiento, en esta lumbre se posan todas las flores que existieron una vez, y que, marchitas, revivieron en el cielo en una explosión inmarcesible.
Amor, vives en los estallidos de los rojos, en las plegarias de la alegría, en los aledaños de un corazón que reza por los muertos, como si los muertos pudieran comprender el deseo de ese beso que sólo da la muerte cuando ocurre.
Lluvia acaecida, caes en los ventrículos de una sangre que en sí se desvanece y deja paso al sueño, y en mi sueño los reptiles se despiertan y se aman, con la furia desmedida de sus huevos.
Amor, soy un reptil que vaga por los páramos estériles, que busca y que encuentra en tus labios la carne que se hizo alma mirándote a los ojos, y en tus ojos encontró el origen del delirio, y entre azucenas se acostó a tu lado y siguió mirándote como se mira a los bebés que duermen.
jueves, 7 de enero de 2016
¿Has visto...?
Amor, ¿has visto los colores de este cielo? ¿Cómo los rojos se superponen al azul, los rosas y violetas? ¿Hay flores escarlatas que esplenden en tus ojos?
Mi Amado, inúndame de las luces de esas lunas que te crecen en el pelo, las frondosidades de tu vello diminuto, los latidos pálidos de este amor que se concentra en el dorso de tus manos.
El corazón se preñó de esperma. Se condujo en las tribulaciones más lejanas, y acabó su trayectoria entre tus piernas.
Infarto de semen que reluces en un firmamento líquido, que es agua y aire al mismo tiempo, el agua de tus ingles, el aire que se anuda en las alas del fuego.
Amor de laberintos donde se esconde el deseo, buscas en mis ingles el aullido voraz del viento, de esa tempestad que no amaina y que se oscurece siempre vertida en esa nieve congelada que abre sus compuertas a la luz de enero, a la noche invernal que suspira por verte, en esta oscuridad primera donde mi amor se convierte en estrella.
Mi Amado, inúndame de las luces de esas lunas que te crecen en el pelo, las frondosidades de tu vello diminuto, los latidos pálidos de este amor que se concentra en el dorso de tus manos.
El corazón se preñó de esperma. Se condujo en las tribulaciones más lejanas, y acabó su trayectoria entre tus piernas.
Infarto de semen que reluces en un firmamento líquido, que es agua y aire al mismo tiempo, el agua de tus ingles, el aire que se anuda en las alas del fuego.
Amor de laberintos donde se esconde el deseo, buscas en mis ingles el aullido voraz del viento, de esa tempestad que no amaina y que se oscurece siempre vertida en esa nieve congelada que abre sus compuertas a la luz de enero, a la noche invernal que suspira por verte, en esta oscuridad primera donde mi amor se convierte en estrella.
Te reduces
Amor, te reduces a ser piedra, y en la piedra te irisas con los colores de la muerte, con esa luz que llega en el viaje, con ese ardor que contempla en tu mirada los ojos de un Dios que sueña.
Amor, pasaste y vinieron las heladas, las escarchas enormes y cruentas. Llevabas en los ojos el caudal del frío, y en el frío nacías y velabas el deseo.
Amor, que me duermo entre tus brazos, que sólo respiro por ti, por anegarme en tu blancura, y en el rocío de tu sudor amante veo cómo las jarcias desvanecen todo el mar y quedo sólo con tu ausencia.
Amor, que en ti recoges la soledad funesta de un devenir aciago, deja que contemple tu hermosura en la sangre de los clavos, y en la tormenta malherida de este corazón que se desborda mira la entrega de mi alma que busca tu cuerpo para darle besos de mis labios a tus labios.
Amor que eres pedernal ardiente, caricia de boca, amapola que pierde sus pétalos al desnudarse entera, y que en esa desnudez alumbra los crepúsculos, en esa desnudez y en esa pureza de entregarse toda, en su deslumbrante fulgor y en su penumbra.
Amor, pasaste y vinieron las heladas, las escarchas enormes y cruentas. Llevabas en los ojos el caudal del frío, y en el frío nacías y velabas el deseo.
Amor, que me duermo entre tus brazos, que sólo respiro por ti, por anegarme en tu blancura, y en el rocío de tu sudor amante veo cómo las jarcias desvanecen todo el mar y quedo sólo con tu ausencia.
Amor, que en ti recoges la soledad funesta de un devenir aciago, deja que contemple tu hermosura en la sangre de los clavos, y en la tormenta malherida de este corazón que se desborda mira la entrega de mi alma que busca tu cuerpo para darle besos de mis labios a tus labios.
Amor que eres pedernal ardiente, caricia de boca, amapola que pierde sus pétalos al desnudarse entera, y que en esa desnudez alumbra los crepúsculos, en esa desnudez y en esa pureza de entregarse toda, en su deslumbrante fulgor y en su penumbra.
miércoles, 6 de enero de 2016
Océanos
Amor de océanos, que en las mariposas te sucedes, que llegas hasta la claridad del mundo amaneciendo estrellas.
Amor que cubres la mirada con la ternura de un Dios acontecido con la hierba crecida y adorada de una sangre que respira.
Mi Amado, ves cómo la noche oculta un enigma que el corazón responde con la palabra luna.
Ves cómo las entrañas siguen amaneciendo entre las ingles proclamando un deseo que es memoria y vida.
Amado, irán las sombras a buscarte, y yo te amaré como a la última de las amapolas que nacen en mi pecho.
Amor, en este itinerario se inventan esas rosas que se dan en los besos como el último pulso de un corazón que desvanece el miedo, las flores negras del miedo que se entregan en los albores del tiempo.
Amor que cubres la mirada con la ternura de un Dios acontecido con la hierba crecida y adorada de una sangre que respira.
Mi Amado, ves cómo la noche oculta un enigma que el corazón responde con la palabra luna.
Ves cómo las entrañas siguen amaneciendo entre las ingles proclamando un deseo que es memoria y vida.
Amado, irán las sombras a buscarte, y yo te amaré como a la última de las amapolas que nacen en mi pecho.
Amor, en este itinerario se inventan esas rosas que se dan en los besos como el último pulso de un corazón que desvanece el miedo, las flores negras del miedo que se entregan en los albores del tiempo.
Vienen los Magos
Amor, vienen los Magos. Vienen a adorar con el incienso, vienen a amar a los creyentes en una luz potente y redentora.
Amor, desde la orilla de esta playa que se extiende hasta los mares de la otra parte de la Tierra, te bendigo, y te concibo en este vientre, y en esta noche que se cierne sólo veo las estrellas.
Amor de acantilados, vienen los presagios a buscarte. Es el destino que me lleva junto a ti, a morir entre tus brazos.
Amor de ansias que me amas más allá del cielo, amor que encuentras en mis labios la materia del beso, proclamo tu Nombre en mi costado, proclamo la esencia de tus labios.
Aurora que siempre llegas, que creces como las amapolas en un firmamento que comprende el deseo, que nace del deseo y la palabra, que confunde la oscuridad del tiempo, que en su eternidad es como una llama de hoja perenne, que confluye en el amor que siente.
Amor de profundidades blancas, que naces del alba y en el alba mueres para dejar el paso a la mañana, la mañana oscurecida en tus anocheceres
Amor, desde la orilla de esta playa que se extiende hasta los mares de la otra parte de la Tierra, te bendigo, y te concibo en este vientre, y en esta noche que se cierne sólo veo las estrellas.
Amor de acantilados, vienen los presagios a buscarte. Es el destino que me lleva junto a ti, a morir entre tus brazos.
Amor de ansias que me amas más allá del cielo, amor que encuentras en mis labios la materia del beso, proclamo tu Nombre en mi costado, proclamo la esencia de tus labios.
Aurora que siempre llegas, que creces como las amapolas en un firmamento que comprende el deseo, que nace del deseo y la palabra, que confunde la oscuridad del tiempo, que en su eternidad es como una llama de hoja perenne, que confluye en el amor que siente.
Amor de profundidades blancas, que naces del alba y en el alba mueres para dejar el paso a la mañana, la mañana oscurecida en tus anocheceres
Texto en prosa sobre los Reyes Magos
Hoy son los Reyes Magos, los Reyes Mágicos de Oriente. Lejos de este consumismo feroz que nos invade, se celebra la epifanía, la revelación que tuvieron unos hombres de que había nacido un niño que tenía en su destino ser el Mesías, en un pesebre, con una mula y un burro, de padres muy pobres. Le llevaron oro, incienso y mirra - dice la tradición - y le adoraron.
Cuando este niño creció, ya hombre, se mezcló con ladrones y prostitutas, y predicó por la salvación del alma. Creyó que con su sacrificio se perdonarían los pecados del mundo.
Como dice Óscar Wilde en su carta a lord Alfred Douglas, ¡qué imaginación tan portentosa! Si alguien hoy en día imaginara algo así acabaría - como poco - en el diván de un psiquiatra, si se le ocurriera hacer pública su creencia.
¿Tiene un lugar el misticismo en la post modernidad? En estos tiempos de prisas y agobios, cuando se va con el reloj pegado a la mente, con múltiples ocupaciones y preocupaciones mentales, con lo material como prioridad, la relación de amor con Dios, con la Naturaleza o con el Amado - que son tres experiencias místicas que hacen que el yo salga de sí mismo y experimente una fusión con un Otro superior y elevado - pueden también tener un lugar. Y en estos casos la poesía no es otra cosa que la expresión de lo inefable, de lo que no tiene nombre y necesita del lenguaje poético para expresarse, en esa noche oscura de San Juan de la Cruz que es repentinamente iluminada por el Amor. Como los Magos fueron iluminados por la estrella que les condujo hasta Belén.
Y el Amor es una fuerza poderosa. Como dijo Jesús de Nazareth, yo no traigo la paz, sino la espada. Quien conciba el Amor de una forma edulcorada, se equivoca mucho. Es la fuerza más potente del mundo: y sólo las evoluciones y revoluciones que se hagan desde el Amor pueden triunfar. No las hechas desde la envidia y el odio, desde la destrucción. Por eso mismo me sumo a los Magos de Oriente, y le dedico mis flores al Niño que nació en Belén, y que creyó que con su sangre podía salvar y purificar todos los pecados del mundo.
Cuando este niño creció, ya hombre, se mezcló con ladrones y prostitutas, y predicó por la salvación del alma. Creyó que con su sacrificio se perdonarían los pecados del mundo.
Como dice Óscar Wilde en su carta a lord Alfred Douglas, ¡qué imaginación tan portentosa! Si alguien hoy en día imaginara algo así acabaría - como poco - en el diván de un psiquiatra, si se le ocurriera hacer pública su creencia.
¿Tiene un lugar el misticismo en la post modernidad? En estos tiempos de prisas y agobios, cuando se va con el reloj pegado a la mente, con múltiples ocupaciones y preocupaciones mentales, con lo material como prioridad, la relación de amor con Dios, con la Naturaleza o con el Amado - que son tres experiencias místicas que hacen que el yo salga de sí mismo y experimente una fusión con un Otro superior y elevado - pueden también tener un lugar. Y en estos casos la poesía no es otra cosa que la expresión de lo inefable, de lo que no tiene nombre y necesita del lenguaje poético para expresarse, en esa noche oscura de San Juan de la Cruz que es repentinamente iluminada por el Amor. Como los Magos fueron iluminados por la estrella que les condujo hasta Belén.
Y el Amor es una fuerza poderosa. Como dijo Jesús de Nazareth, yo no traigo la paz, sino la espada. Quien conciba el Amor de una forma edulcorada, se equivoca mucho. Es la fuerza más potente del mundo: y sólo las evoluciones y revoluciones que se hagan desde el Amor pueden triunfar. No las hechas desde la envidia y el odio, desde la destrucción. Por eso mismo me sumo a los Magos de Oriente, y le dedico mis flores al Niño que nació en Belén, y que creyó que con su sangre podía salvar y purificar todos los pecados del mundo.
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