Blog de poemas eróticos, místicos y amorosos, de Teresa Domingo Català.
martes, 30 de junio de 2015
Último martes de junio
Hoy es la última tarde de junio de 2015. Si miro atrás, este medio año que ha pasado ha sido enriquecedor y estimulante. Ha sido vivido con intensidad y como parte de un todo, que es mi vida.
Hoy le decía a una persona, a una mujer: Cada vez quiero y deseo más la vida contemplativa, la vida de dentro, la interior, la que permite pensar, reflexionar y sentir y procesar lo vivido. Cada vez desprecio más esta sociedad en la que la gente somos un producto que trabaja ocho horas, gente que se ve a sí misma como un objeto, que trata a los demás como objeto que consume todo pensándose objeto y que muere sin haber vivido.
Para hacer una revolución que valiera la pena, debería elinminarse el concepto mismo de trabajo tal y como lo entendemos hoy día, limitándose la productividad a lo esencial para vivir. Sólo así podríamos recuperar la lentitud, la densidad, la duración, la experiencia, el amor.
El hombre - y la mujer - despojados de su humanidad, puestos a la altura de las máquinas, sólo pueden evolucionar hacia el caos.
Como decía Octavio Paz, el amor y la poesía son altamente improductivos. Nada hay más revolucionario que reivindicarlos.
Dejemos atrás el progreso y el retroceso, y vayamos al regreso, allí donde somos en nosotros mismos, nuestro lugar simbólico e imaginario.
Llego al horizonte
Llego al horizonte. Allí me miro, en ese mar de los Sargazos que me llena, en esa espuma verde con reflejos de sal, una sal ígnea y reluciente.
Mi fuego brilla. Lanzo las piedras al estanque, y en las llamaradas hierve el agua entre tus ojos. Amor, soy peregrina en un desierto con volcanes dispuestos a nacer, y en esa muerte que avanza hasta su término, soy final y mensajera.
Se abre ante mí una cama abrupta. En ella yazco con el agua. Me inunda mientras duermo, y me incita a renacer. Recoge el polvo estelar, y la ceniza, y amasa la derrota.
Una mañana se abrirá el tiempo. Olerá a niño recién lavado, a brasa seca, a torrente de nubes que a lo lejos entonan un Réquiem por los muertos.
Oh amor, si calcinada te podré seguir amando, ¿dónde caerá la lluvia en mi lugar?, ¿dónde incidirá la línea de la sombra? Te medito, y con un gran caparazón iluminas las hogueras que delatan su deseo de atravesar la tierra.
Amor, hay una vicisitud en el tiempo
Amor, hay una vicisitud en el tiempo que quiebra las murallas. Su germen aniquila, destruye las vivencias. El amor acontece, es rojo y tiene una pulsación enajenada.
Los mares son rojos, y las olas van despacio. Son como una miniatura que desperdiga el agua entre flores escarlatas.
Amor, dentro me vive un océano. Un océano lleno de cal y de cemento, un océano ígneo y tormentoso, que conoce los nombres de Dios, y en ese nombre rema por todas las constelaciones.
Miles de pájaros comen del fuego. Sus picos reverberan. Sus alas se posan en la materia ardiente de la consolación, y queman el amor.
Llueve lava desde el cielo. Mi corazón es de pirita. Contiene la llama desde la que habló Yavhé, y mi voz se eleva en los arenales estériles.
La plata se derrite. Las estrellas lloran luz a la sombra de la luz, y son mutables, como el cuerpo de Dios que se me encarna entre los nidos de las mariposas.
Amor, me ciernen las palabras
Amor, me ciernen las palabras. Me salen como si la piel se me escamase y me doliese su fulgurar cansado, las luces con que entrego el mismo palpitar del dolor.
La luna está llena y la veo oscura, latiendo en mis entrañas como un azabache envuelto en noche, tras perseguir el rastro que deja el negro corazón del silencio.
Hay una hoguera donde arden los astros. El cielo vive en llamas. Todo se incendia, todo se vive entre cenizas.
Salí a buscar a Prometeo para que apagase las antorchas, para que devolviese el fuego a esos dioses inclementes que nos sueñan desvalidos.
Encontré un pozo donde el amor había caído, y era astuto. En sus profundidades ocultaba una bandada de cuervos, dispuestos a devorar la carroña del agua.
Amor, entre las materializaciones se destruye, y como un obús que se dispara, explotan las minas y estallan las bombas que los ángeles siembran por nosotros.
lunes, 29 de junio de 2015
Amor, cómo anochezco.
Amor, cómo anochezco. Las jaulas del jardín están cerradas, y la noche cae en ellas, y las abre. Cuánto dolor pervive en los barrotes que la penumbra visitó, cuánto adolece la tiniebla.
En ese mosaico oscuro, en esa tierra que arde, quemada por el sol, el agua se evapora en sus cimientos.
El agua desheló su singladura y fluyó en los arrecifes. Se fue a ver pasar las rosas y cayó entre las simas que detuvieron su fulgor.
Amor, la lluvia, ¿dónde está? Se ha detenido. Me llenó la casa de corales, madreselvas, mariposas, y me puso un tendal donde mis lágrimas se secaban.
Necesito que vuelvas a llover. Que me diluvies.
Amor, soy todo fuego. Una llama intolerable, un caminar ígneo, una lava que destruye lo que toca y que quema las huellas a su paso.
Una ceniza devastada, una madre estéril, un sexo que me invade.
domingo, 28 de junio de 2015
Hay un dolor que invade el tiempo
Hay un dolor que invade el tiempo. Las horas lo visten, los años lo agasajan, y vive entre tumores. Me lo darás entre nardos marchitos, entre vísceras ocultas, entre la sangre invicta. Me lo darás. Yo lo cogeré con mis dedos tristes, y habrá un silencio que cubrirá tus lágrimas
Amor, no te escondas de mí, no te abalances sobre el llanto a oscuras. Llora al sol, y que el sol pueda verte como el niño que todavía no sabía que los hombres no lloraban.
Me das claveles mojados de una tierra húmeda. Amor, me das el mar a su paso por mi casa, cuando le veo allá en la lejanía y las olas caen a mis pies como aerolitos que alguien lanza reteniéndolos.
En las aristas caben los temores. En los nudos se desenvuelven las cuerdas y con el filo de una espada puede cortarse la tristeza.
Baja el telón, vienen los sueños. Entre nubes la lluvia se adormece y deja de llover. Sólo llega el rocío y el recuerdo del rocío, la frialdad de las mañana del invierno, el sudor que se agolpa en el verano, el esperma que se vierte por tus ojos.
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